Me había puesto rímel y un poco de gloss rosa en los labios, y me veía igual que siempre. Peor, aún. Desaliñada, nerviosa, roja... no quería que Alex me viera así. De pronto, sonó un timbre muy molesto. Al principio me asusté, pero luego pegué un bote al recordar que Alex vendría a recogerme a casa a ésta hora. Me eché un último vistazo al espejo y corrí hacia la cocina. Descolgué el telefonillo:
-¿Hola?
-Alissa, soy yo -me dijo Alex, sonriendo a la cámara. Le guiñé el ojo, aunque él no pudiera verlo, y dije:
-¡Voy!
Bajé corriendo las escaleras, y justo en el primer piso decidí serenarme, y bajé el último tramo como una señorita.
Allí estaba él. Apoyado en la pared de la entrada, con las manos en los bolsillos y sus ojazos azules clavados en mí. Caminé hasta estar delante de él y le sonreí, emocionada.
-Hola.
-Estás preciosa -me dijo, recorriéndome con la mirada. Me sonrojé, y él seguro se percató de ello-. ¿Vamos? Tengo una sorpresa para ti.
Me cogió de la mano y salimos caminando por la calle. Yo iba como en las nubes. Alex era el chico más inteligente, guapo y extraordinario del instituto entero... y por alguna extraña razón, ¡me había pedido salir a mí!
Mientras caminaba a su lado, casi ni veía a los que pasaban a mi lado. Tan sólo podía pensar en Alex, a mi lado... tan cerca de mí que se me ponían los pelos de punta. Nuestras manos unidas, su cadera rozando la mía al caminar... lo alto y elegante que era. Su cabello rebelde que le daba ése aire tan travieso, la sensación de estar más a salvo ahora que en cualquier otro lugar y momento del mundo. Alex era perfecto. Notó que le miraba, y me clavó la mirada, sonriéndome. No desvié la vista.
-¿A dónde me llevas? -le dije, curiosa, para romper el hielo.
-Eso ya lo verás -me susurró.
Apenas podía aguantar la curiosidad, y más aún cuando me tapó los ojos con una mano y con la otra en mi cintura, me empezó a guiar entre la gente que pasaba.
-Cuidado con el escalón... eso es. Ahora vamos a pasar al lado de una verja... ven por aquí. Bien. ¡No, no abras los ojos todavía! Bien, gira hacia la derecha... Y... ¡tachán!
Abrí los ojos, muerta de curiosidad. Estábamos de pie en un parque, o éso parecía. Los árboles eran tan tupidos que creaban una bóveda verde que tapaba el sol, de modo que la luz entraba por pequeños resquicios en forma de haces mágicos.
Enfrente de nosotros, había un lago increíble; las hojas verdes de los árboles se reflejaban a la perfección en su superficie, libre totalmente de ondas. Justo al lado nuestro, había un bonito banco blanco en el que Alex y yo nos sentamos.
-Es... increíble -acerté a susurrar. Alex me rodeó con el brazo y me dijo, mirándome a los ojos:
-Llevo mucho tiempo enamorado de ti, Alissa.
Le miré a los ojos y me quedé sin palabras.
-Yo... yo también. Pero estabas tan lejos, tan distante...
-Todo éso cambiará si tú me dejas. Alissa, haré que seas la chica más afortunada del mundo.
-Sí. Quiero -le dije. Nuestros rostros estaban a centímetros, podía sentir su respiración en mis labios. Alex me miró un momento más y entonces se inclinó sobre mí y me besó.
El mundo pareció pararse mientras sus labios acariciaban los míos, mientras su lengua recorría mis labios. Pegué mi cuerpo al suyo y nos abrazamos, deseando que aquél momento durara para siempre.
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